La cúspide de una tradición


Escuché de mala gana el eco amplificado de mis tacos en tal inmensidad. Me había esforzado por compensar los zapatos con una chaqueta color rosa pálido y un pañuelo a rayitas lo suficientemente sofisticados como para apaciguar el efecto trola de las cortas botas.
Sujetaba la cámara cual si fuera el último hilo del que pende mi vida. De hecho, iba camino hacia la resurrección. Digamos que no era precisamente “mi renacer”, sino el suyo. Una nueva existencia con la cual no estoy de acuerdo, aunque no le sugiera mayores inconvenientes en su joven vida. La gravedad del asunto es inversamente proporcional al rechazo que me provoca. Nada significa. Protocolo, un acto.  
Sin embargo, sigo sintiéndome hipócrita al ofrecerme a perpetuar un instante banal completamente contrario a mis principios. Echémosle la culpa a la tecnología y mi afición por la fotografía. Qué más da, por vos soy la virgen María.
Santificado sea tu nombre, mi dulce niña. 









7 comentarios:

  1. Wow, me enredé leyéndote. Gracias por pasarte, me gustan tus escritos. "Qué más da, por vos soy la virgen María." Qué mal está dar tanto por alguien, yo lo hice y me fue para el recontra culo jajaja.

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  2. Genial
    Tan inmenso y tan vacio. Los tiempos ya no son los mismos.
    Me paso algo parecido, ojala nunca te pase labodadetuhermanoconunatonta.

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  3. Guau, escribes genial chica.

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  4. Maravilloso, me encanto la entrada y la fotografia es genial :)

    Besos*

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  5. Contesto un poco tarde ya que me ausente del blog por un tiempo... Me fascino!

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