Accio aire fresco


Necesito a alguien distinto. Una persona diferente que me abrace sin hacer preguntas ni me hable de los mismos temas. Una sonrisa dibujada en un rostro desconocido que reduzca mis ganas de salir corriendo y no volver nunca más. Esa boca que elabore los más sofisticados discursos sin pronunciar el mínimo vocablo. La mirada que sepa transmitir paz incluso en las guerras más crueles. Manos que hagan música en cualquier superficie para agasajar mis oídos.

Busco una púa gastada en un bolsillo canchero, un libro viejo en una mesa de luz ordenada, una pulsera trenzada en una muñeca ancha, una televisión sintonizada en Warner Channel y un repartido subrayado que ha sido abandonado en algún rincón de una alegre habitación.

Ese lugar entre tus brazos, ese pedacito de tu vida que te seguís negando a compartir. Sería más fácil si supiera tu nombre. Ojalá estés ahí, en algún sitio al que me lleve la vida, para que efectivamente me veas con tus ojos serenos y te acerques a charlar sin mover los labios. Entonces sabré que al fin te encontré y todo el mal vivido habrá valido la pena.







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