Winter nights are longer


Hoy es uno de esos días invernales, fríos y grises en que las nubes bajas empañan el paisaje y las luces de los faroles parecen difuminadas al tomar contacto con la noche hostil.
La tristeza sobrevuela las calles amenazando con ingresar al recinto de los más débiles sólo para verlos llorar. Algunos, los menos, los más (¿cómo puedo saberlo?), aislados, desesperanzados, frustrados, abatidos, irritables,vencedores vencidos que ensayan para sostener la farsa en que se ven inmersosestancados, estacados . Cientos de dementores se alimentan del alma de quienes se dejan morir en un beso, el último, el más difícil de todos.
Otros, el resto, tal vez uno, el único, él, vos, yo, iluminan cada rincón para combatir la macabra canción de cuna que nos va durmiendo y arrastrando al corazón de julio. Hacer música, reír, escribir, teñirme el pelo y derramar las lágrimas que sean necesarias, son distintas maneras de alcanzar el mismo objetivo: alejarme de lo que me hace mal en un día de clima melancólico.
Me consuela saber que cada vencido es un luchador, porque nadie puede considerarse rendido verdaderamente si antes no dio batalla. 

Quizá todos somos un poco de ambos: el que huye y el que vuelve, el que evade y el que busca, el que llora y el que ríe, el que muere y el que vive.
Entonces está en cada uno beneficiar una u otra actitud. Eso me consuela un poco.
Eso me consuela, sí.








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